Las cosas, en su sitio

Guardado en: Exhibición de atrocidades — Ingram at 8:44 am on Martes, Julio 8, 2008

Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Una rápida entrada para avisarles de que ya tenemos completa la entrada Cómprame uno con dibujos II. ¿Recuerdan que no conseguía encontrar al ilustrador que me faltaba, al señor Jesús Gabán? Bueno, pues anteayer lo encontré, le salté encima, le eché las flores que merece y le pedí permiso para incluir una muestra de su trabajo para la edición de los Cuentos completos de los hermanos Grimm que hizo Anaya.

El señor Jesús Gabán fue tan amable como sus colegas de pincelito: me dio el permiso, me envió un par de ilustraciones y me contó a qué dedica ahora sus esfuerzos. Yo di las gracias, di las gracias otra vez (porque son, realmente, gente amable estos dibujeros) y corrí a editar la entrada para incluir sus ilustraciones. Ya está lista, ya pueden pasar a verla. Y si alguno de ustedes, adormilado y poco proclive a maravillarse tan tempranito, está reticente, mire, mire lo que se está perdiendo:

Portada de Jesús Gabán para El ciervo que fue a buscar la primavera

Portada de El ciervo que fue a buscar la primavera, por Jesús Gabán.

Esta maravilla fue accesit del premio Lazarillo en 1983. En 1983, ¿se dan cuenta? Mientras ustedes y yo salíamos a la calle con hombreras y horrendos maquillajes en malva, el señor Gabán dibujaba esta preciosidad, en colaboración con el señor Enric Larreula y editado por Argos Vergara. Desde 1983, el señor Gabán ha estado dibujando para que ustedes, sus Pequeños Lectores y yo nos quedemos con la boca abierta hasta que alguien nos diga que la cerremos, que nos va a entrar una mosca.

Hale, no pierdan más tiempo aquí. Vayan a ver lo que hizo para los Cuentos completos de los hermanos Grimm y luego échenle una larga y asombrada mirada a su página web. Una manera como otra cualquiera de empezar el día con los ojos brillantes.

http://www.jesusgaban.com/

Y, naturalmente, tengan cuidado ahí fuera. Es martes, al fin y al cabo.

Ora et labora (pero sobre todo, labora)

Guardado en: Exhibición de atrocidades, Lo que ustedes deberían leer, Quita, bicho!, El gato esperó un rato — Ingram at 2:59 pm on Martes, Julio 1, 2008

Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.
Todos ustedes tenían razón, Amigos. Esto del ocio no podía durar, dijeron, y efectivamente, no ha durado. Ya tengo trabajo otra vez y, de hecho, es lo que debería estar haciendo mientras les escribo esto. Pero es que ya está bien, hombre, ya está bien, que llevo un mes sin hacer ni el huevo y el Lector se me oxida, ustedes se me amotinan en los comentarios y yo, a base de escribir lo que me piden y por lo que me pagan, pierdo la costumbre de escribir lo que me gusta. Tururú. Café, cigarrillo, Bowie y al tajo. Alehop.

El tiempo de ocio, de todas formas, fue fructífero. Volví a leer como en tiempos: un libro diario, a veces dos. ¿Y qué pasa cuando se lee tanto y tan bueno? Que uno convoca maravillas y prodigios nunca vistos. Es por ello que, en justa retribución a su fidelidad y su paciencia, hoy les traigo la Entrada Múltiple, que va a figurar bajo montones de categorías, porque tiene un poco de esto y un poco de aquello, para que nadie se quede descontento y me saque luego cantares. Habrá primicias y habrá asuntos que ya hace tiempo que quería comentarles, pero no encontraba el momento adecuado. Será un poco caótica, pero ustedes me quieren bien y no me tienen en cuenta esas cosas, ¿verdad? Pues hale, a leer.

a) ¿Ustedes saben lo que es un krugerrand? Yo no tenía ni idea. Suena a teutón que carraspea o a deliciosa galleta elaborada con canela, limón y jengibre por una abuelita en un cuento noruego. Pues no, porque resulta que un krugerrand es esto:

Kruger krugerrand
Una moneda, sí, pero no una moneda cualquiera. Ese elogio tan común que dice Fulanito vale su peso en oro no es cierto. Fulanito, normalmente, no vale ni para abono. Pero el krugerrand, Amigos, vale exactamente su peso en oro: una onza contante y sonante. Según una amiga traductriz, Miss N, la palabra krugerrand puede traducirse como el borde de la jarra. Sería hermosísimo que esta moneda estuviera hecha de bordes de jarra de oro, pero no, nada que ver: la acuñó el gobierno sudafricano para darle salida al oro del país, y le puso por un lado al springbok, que además de ser un bonito antílope es un símbolo nacional, y por el otro al señor Paul Kruger, presidente de la vieja República de Sudáfrica. Ese señor tan seriote de ahí arriba y este bicho tan chulo de aquí abajo.

Springbok krugerrand
Ahora que ya saben en qué moneda hay que pagar el rescate de un rey, sepan también que la iniciativa de Sudáfrica tuvo seguidores y que otras naciones acuñaron también su monedita brillante. Detrás del krugerrand aparecieron la Hoja de Arce de Oro canadiense, la Pepita australiana, el Águila de Oro americana y, agárrense, la Filarmónica de Viena. Mi regocijo es absoluto, Amigos. No vuelvan a decirle a Fulanito que vale su peso en oro. Díganle, si acaso, que vale unas cuarenta filarmónicas de Viena y todos seremos mucho más sabios y felices.

b) Seguro que ustedes, fieles lectores de lo raro y lo torcido, saben ya lo que es un basilisco. Pero igual no, así que, por si alguno anda despistado, vamos a ponerle cara. Esta pinta tiene:

Basilisco

Y dice el señor Gustavo Bueno Sánchez en su Ontogenia y filogenia del basilisco:

***

Poco, o nada, suscita la palabra basilisco al ciudadano medio, incluso universitario actual. Incorporada en sintagmas como estar hecho un basilisco, tener ojos de basilisco o ¡estate quieto, basilisco, demonio coronado!, son escasos quienes se paran a reflexionar sobre el significado de la palabra aislada. En los diccionarios se mantiene un lacónico «animal fabuloso al cual se atribuía la propiedad de matar con la vista». Sin embargo, tras este nombre, se encierra uno de los mitos más ricos que se hayan dado. Su importancia radica no sólo en la abundancia de matices, circunstancias y atributos que le rodean, sino en el hecho de su antigüedad y presencia en culturas, tradiciones y pueblos bien diferentes.

***

Las negritas son mías, porque estoy dispuesta a contraer matrimonio con cualquiera que me diga ¡estate quieto, basilisco, demonio coronado! No, ahora ya no vale. Pero mientras aguardo a las hordas de Lectores Constantes que piensan venir, anillo en mano, a intentarlo de todas formas… ¿qué es, exactamente, el bicho prodigioso del que hablamos? ¿Puedo encontrármelo cuando me decida por fin a desatascar el fregadero? Borges nos lo cuenta, préstenle oído:

***

En el curso de las edades, el Basilisco se modifica hacia la fealdad y el horror y ahora se lo olvida. Su nombre significa “pequeño rey“; para Plinio el Antiguo, el Basilisco era una serpiente que en la cabeza tenía una mancha clara en forma de corona. A partir de la Edad Media, es un gallo cuadrúpedo y coronado, de plumaje amarillo, con grandes alas espinosas y cola de serpiente, que puede terminar en un garfio o en otra cabeza de gallo. El cambio de la imagen se refleja en un cambio de nombre; Chaucer, en el siglo XIV, habla del basilicock. Uno de los grabados que ilustran la Historia Natural de las Serpientes y Dragones de Aldrovandi le atribuye escamas, no plumas, y la posesión de ocho patas.

Lo que no cambia es la virtud mortífera de su mirada. Los ojos de las gorgonas petrificaban; Lucano refiere que de la sangre de una de ellas, Medusa, nacieron todas las serpientes de Libia: el Áspid, la Anfisbena, el Amódite, el Basilisco.

El Basilisco reside en el desierto; mejor dicho, crea el desierto. A sus pies caen muertos los pájaros y se pudren los frutos; el agua de los ríos en que se abreva queda envenenada durante siglos. Que su mirada rompe las piedras y el pasto ha sido certificado por Plinio. El olor de la comadreja lo mata; en la Edad Media se dijo que el canto del gallo. Los viajeros experimentados se proveían de gallos para atravesar comarcas desconocidas. Otra arma era un espejo; al Basilisco lo fulmina su propia imagen.

Los enciclopedistas cristianos rechazaron las fábulas mitológicas de la Farsalia y pretendieron una explicación racional del Basilisco. (Estaban obligados a creer en él, porque la Vulgata traduce por “basilisco” la voz hebrea Tsepha, nombre de un reptil venenoso.) La hipótesis que logró más favor fue la de un huevo contrahecho y deforme, puesto por un gallo e incubado por una serpiente o un sapo.

***

Así de hermosas son las criaturas nacidas de la imaginación de los antiguos. El Lector Constante que se vista por los pies debería conocerlas y adorarlas, porque fueron el prodigio de una época más joven y porque significan sin existir, que ya es más de lo que conseguiremos algunos en toda una vida real, prosaica y más bien carnosa. El basilisco es el demonio, porque es monstruoso y repugnante, porque procede de la serpiente, fuente del pecado, y porque destruye la obra de Dios. También porque lo derrota el gallo, imagen alegórica de Jesucristo, claro cantor del alba. Y puede también el basilisco ser la dama inmisericorde, el amor contrariado, porque mata con la mirada. ¿Ven cuánto símbolo y cuánta cosa bonita? Pues ya tardan en explorar a conciencia el mito y en volver maravillados a contarlo. Venga, una ayudita:

*Para Lectores Constantes y Tenaces, el artículo del señor Gustavo Bueno Sánchez puede ser muy útil. Pueden encontrarlo aquí:

http://www.filosofia.org/rev/bas/bas10107.htm

Ontogenia y filogenia del basilisco

*La cita de Borges procede del estupendo, estupendo Libro de los seres imaginarios, que escribió al alimón con Margarita Guerrero. Le dedica a cada bicho un par de páginas solamente, pero su selección incluye animales metafísicos, animales soñados por Kafka o Poe, animales esféricos, ángeles, demonios y alimañas de todo pelaje. Hale, a por él, que está baratito en Alianza.

*Cualquier bestiario medieval merece un largo, largo vistazo, especialmente por los grabados que suelen ilustrarlos. Yo recomiendo el que tengo más a mano, escrito por Ambroise Paré e introducido, traducido y anotado por Ignacio Malaxecheverría. Lo edita Siruela y tiene este aspecto:

Monstruos y prodigios

Además de ser bestiario, es también tratado de teratología. Es decir, habla de animalitos curiosos, como la jirafa, pero también de anomalías de la especie humana, como los siameses o los hermafroditas. Y las ilustraciones tienen este tierno e ingenuo aspecto:

Tipos de gemelo

*Los Lectores que arrojan su red a la Red deberían visitar el siguiente enlace y pasmarse con la erudición y la lengua del amigo que lo escribe, Monsieur Tiffauges, a quien Yaveh guarde un cómodo sillón a su derecha, donde haya buena luz para leer. De monstruos y prodigios, se llama este paraíso de manjares envenenados y licores fuertes:

http://bronwyndaena.blogspot.com/

*Por último, los Amigos Lectores que estén criando un Pequeño Lector Constante harán bien en regalarle este libro:

El paquete parlante

Lo edita Alfaguara, lo traduce increíblemente bien María Luisa Balseiro (bravo por la panahoria) y lo ilustra Alicia Sancha, también con una pericia envidiable. Y su criatura podrá leer pasmada la terrible historia del basilisco y de cómo lo combatieron Pedro, Simón, Penélope y el mago Hircio Horacio Salsiflán (otro aplauso para la traductora), ayudados por las minovacas, los fueguipatos, los sapos, los dragones, el duque comadreja Camemberto y otras estupendas criaturas.

Del autor, Gerald Durrell, que era este señor tan risueño

Gerald Durrell y bicho peludo

les hablaré en otro momento, porque merece una entrada para él solito. Les adelanto que no hay libro que escribiera que no merezca reposar en la Biblioteca Constante, y que si su Pequeño Lector está creciendo sin conocerlo, de mayor será feo, olerá mal y dará patadas a las ancianas. Y usted no quiere eso viviendo en su casa, ¿verdad?

c) Hale, ya está bien de recomendaciones. Se me quedan montones de cosas en el tintero, como el mito del catoblepas, que es una especie de tímido basilisco invertido, o las citas del fascinante libro El silencio del cuerpo, que escribe Guido Ceronetti y que está plagado de curiosísimos detalles sobre el hueso, el nervio, la carne y la sangre. Otro día será, y mientras tanto les puedo ir contando dos cosillas: que ya tengo trabajo, como les dije antes, y que ya no tengo ingrato, lo que es primicia rigurosa, aunque se hizo oficial hace un par de semanas.

Del trabajo puedo contarles que es en una serie, una sitcom para más señas, que emite Antena 3 y que se llama La familia Mata. Si ustedes son fans, me verán en créditos dentro de unos meses. Si nunca la han visto, no puedo recomendarles que la vean por mi causa, porque acabo de llegar y, siendo absolutamente sinceros al respecto, no tengo aún ni puta idea de cómo escribirla. En cosa de una hora estaré intentándolo, jurando en arameo y lamentando no haber aprendido más mañas de guión, o no haber nacido con más talento que lunares.

Del ingrato objeto de mis desvelos les cuento eso, que ya no ostenta el título de tal. Sigue viviendo y espero que lo haga por muchos años, pero ya no me desvela ni me atormenta. Y nunca fue realmente ingrato conmigo, pero no me negarán que el apelativo merece tomarse alguna licencia que otra.

La cosa es que me fui a Asturias a pasar el ocio y algo allí obró los milagros del bálsamo de Fierabrás. No sé si habrá sido el salitre, el queso de cabra o la falta del pretérito perfecto, pero el caso es que estoy curada. Completa y totalmente restablecida de esa condenada enfermedad que ya llevaba un año arrastrando y de la que no quería sanar, porque ya dijo Faulkner que entre la pena y la nada, elegiré siempre la pena. Y en este pueblo es que tenemos devoción por Faulkner.

El orgullo antecede a la caída, estarán pensando ustedes, pero no crean que no lo pensé yo también. Al ver que los síntomas remitían sin causa aparente, busqué pruebas irrefutables. Quedé con el ingrato y comprobé que ya no removía absolutamente nada en mis tripas: me pareció pequeño, tierno y agradable, pero eso fue todo. Así que alegría y alborozo, Amigos, porque yo tengo el felizómetro otra vez en su sitio y porque él puede corretear por ahí con su novia (o con un tapir, si le apetece) sin que a mí se me incendie el hígado. Yiiiiiiiju.
d) Dicho todo lo cual, y en honor al amor y otras catástrofes, les dejo un último hallazgo. En Asturias estuve rebuscando entre viejas cajas de libros que languidecían en el hogar de una amiguita, la Traductriz Constante, y encontré tesoros largo tiempo escondidos. Les pasé un trapín, les saqué el polvo milenario y los releí de cabo a rabo. De alguno de esos hallazgos se nutrirán futuras entradas de esta Cornucopia de Lectura, pero hoy les traigo uno solamente.

Ya saben ustedes que aquí, poesía más bien poca, porque es un género difícil de leer y más aún de escribir, y porque el paraíso de un hombre es el infierno de otro. Pero eh, miren qué cosa más bella:

***

Ha brotado este odio como un vívido amor,
sufriendo, y se contempla anhelante.
Pide un rostro y una carne, como si un amor fuese.
Han muerto la carne del mundo y las voces
que sonaban, un temblor se ha apropiado de todo,
la vida toda está suspendida de una voz.
Bajo un éxtasis amargo transcurren los días
en la triste caricia de la voz que regresa,
empalideciendo nuestro rostro. No sin dulzura,
esta voz al recuerdo le resuena despiadada
y temblorosa: tembló una vez por nosotros.

Pero la carne no tiembla. Sólo un amor
incendiarla podría y este odio la busca.
Todas las cosas y la carne del mundo
y las voces no vale la caricia inflamada
de aquel cuerpo y aquellos ojos. En el amargo éxtasis
que se destruye a sí mismo, este odio reencuentra
una mirada cada día, una rota palabra,
y las aferra insaciable, como si un amor fuese.

***

Esto se llama Indiferencia y lo escribió Cesare Pavese. Este señor:

Pavese

Qué seriecito, ¿verdad? Es que no le iba muy bien, al pobre, y era de los que malviven pensando en la muerte, hasta que un buen día deciden no esperar más a que llegue y le salen al encuentro, con dos cojones. Vamos, que se tomó un puñado de somníferos en una habitación de hotel y dejó una nota muy breve escrita en la última página de un libro. Perdono a todos y a todos pido perdón, decía. Pobrinho.

Su poema más conocido es precisamente una cosilla sobre la nera signora, la muerte. Seguro que a ustedes les suena, pero ahí lo tienen, por si acaso:

***

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos-

esta muerte que nos acompaña

de la mañana a la noche, insomne,

sorda, como un viejo remordimiento

o un vicio absurdo. Tus ojos

serán una palabra vana,

un grito acallado, un silencio.

Así los ves cada mañana

cuando te inclinas sola ante el espejo.

¡Oh querida esperanza,

también nosotros aquel día

sabremos que eres la vida y la nada!

La muerte tiene una mirada para todos.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

Será como abandonar un vicio,

como ver que emerge de nuevo

un rostro muerto en el espejo,

como escuchar un labio cerrado.

Descenderemos al abismo, mudos.

***

No puedo acreditar la traducción, porque no tengo a mano mi edición de sus poemas. Los he copiado ambos de un cuaderno escrito a mano allá por la adolescencia, cuando el amor, la muerte y salir el viernes son cosas tan, tan importantes. Vayan mis scuse al esforzado traductor de Pavese.

e) Y con esto les dejo, Amigos, porque el trabajo nos hará libres, pero no será hoy. En cuanto a los habituales y siempre necesarios créditos, van a tener que disculparme los interesados. Los textos proceden todos de la fuente que se cita, las imágenes son casi todas de libre uso… y la que no lo es, se emplea sin ánimo de lucro y con intención educativa y blablabla. Ya sé que es una falta de respeto pasarse la autoría por la brinca del coño, pero es que a veces olvido anotar la procedencia de lo que encuentro y luego no soy capaz de volver a encontrarla. Me disculpo por ello de nuevo. Lo siento.

Y ahora, a trabajar. Tengan cuidado ahí fuera, donde nos espera un largo y cálido verano.

Dolce far niente

Guardado en: Exhibición de atrocidades — Ingram at 4:46 pm on Sábado, Mayo 24, 2008

Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Sábado de nuevo, día de trabajo en la Biblioteca Constante. Alegría y alborozo, Amigos. Sé que lo digo a menudo, pero voy a decirlo otra vez: mi paraíso particular incluye muchas mañanas de sábado en pijama, fumando, oyendo musiquilla, tomando café y buscando en las estanterías un libro bonito para enseñárselo a ustedes. Felicidad de andar por casa, pero felicidad al fin y al cabo. Que no todo van a ser glamourosas fiestas en un hangar abandonado.

Y como ayer ya tuvimos una larga, hermosa y didáctica entrada sobre los cuentos de los hermanos Grimm, me van a permitir que hoy divague un ratito y no haga nada más. ¿Sí? ¿No hay objeciones? Perfecto. Allá vamos, pues, con unos cuantos asuntos mundanos. Los que vienen aquí solamente a pillar referencias para moverse con soltura por la biblioteca, están dispensados de atender y pueden colorear unas láminas o preparar un pastel de puerros.

Hace unos días, el amigo Ink, esa criatura intoxicada de curiosidad, me preguntaba cuántas visitas tiene el Lector Constante. Yo no tenía ni idea, porque de esas cosas se encarga otra persona, pero me hizo pensar que, a lo mejor, alguno de ustedes también tiene cierta curiosidad por los entresijos de esta Guía para llevar un buen libro en la mochila. Así que ahí van unas cuantas respuestas a las preguntas no formuladas. Siéntanse libres de ignorarlas, o de hacer sus propias preguntas en la sección de comentarios. El oráculo responderá.

Acerca del Lector Constante:

  • Sólo hay un Lector Constante. No es un seudónimo bajo el que se ocultan cuatro amigos que se van turnando para escribir las entradas. Qué más quisiera yo que tener cuatro amigos ociosos y dispuestos a diseccionar el refranero español, la poesía ucraniana o la vida de los santos.
  • A pesar de eso, el Lector tiene un montón de anónimos colaboradores. A veces alguien me trae algo bonito que ha encontrado por ahí (como el amigo F.Nm, poderoso cazador de la red, o el Documentalista Constante, a quien Alá bañe en ambrosía), y yo le doy un par de vueltas y se lo cuento a ustedes. A veces alguien me regala un libro que cree que me va a gustar a mí y que también les va a gustar a ustedes, y sí, así es. A veces, ustedes mismos se recomiendan cosillas en la sección de comentarios. Ningún hombre es una isla.
  • La Biblioteca Constante tiene, ahora mismo, la sede central en Madrid, en el barrio de la Latina.

Sede de la Biblioteca Constante en Madrid, por asialillo

Ahí, en esa callecita.

  • La Biblioteca Constante tiene la sede original en Gijón, Asturias. Se va quedando desprovista de fondos a medida que me los voy trayendo a Madrid, pero sigue a disposición de los Lectores Constantes, claro que sí.

Sede de la Biblioteca Constante en Gijón.

Ahí, junto a la hermosa iglesia gótica de San Lorenzo.

  • El Lector Constante recibe, me informan, unas cuatro mil visitas al mes. Ustedes, no me canso de decirlo, son formidables.
  • El Lector Constante no tiene ningún ánimo de lucro. El dominio y el diseño fueron un regalo de cumpleaños de mi tres veces bella amiga saga, después de unos años de verme rondar por espacios gratuitos. Los dibujitos que lo ilustran los cedieron, amablemente, el señor Ego y el señor Circ. Los textos los escribo yo solita en mi casita, con la única intención de pasar un buen rato y de que ustedes lo pasen también. No tienen copyright y su libre uso está autorizado bajo los términos de una de esas licencias que confían en la bondad de los desconocidos. No hay anuncios, ni los habrá. No hay influencias externas en lo que aquí se recomienda. Todo es paz y armonía.
  • El Lector Constante tiene errores, porque procuro documentarme todo lo que puedo, pero hasta Homero se echa una siesta de vez en cuando. Ténganlo en cuenta si piensan usarlo de referencia para cualquier cosa importante, o si van a enviarlo a un pariente en Los Zapatos (México). Mi legendario despiste puede costarles un suspenso o un sonrojo. Y si cazan alguna pifia, están invitados a enmendarla en la sección de comentarios. Yo lo agradeceré, y seguro que algún otro Lector también.
  • Cuando no estoy leyendo cosas bellas o escribiendo el Lector Constante, soy guionista de televisión. Ahora mismo, guionista en paro. No he escrito nada que vaya a conmover los cimientos de la civilización occidental, pero me gusta mi trabajo, lo hago lo mejor que puedo y me lo paso muy bien en el proceso. Y aprendo cosas muy, muy interesantes, que algún día les contaré con calma.

La familia unida

  • En la Biblioteca Constante no hay tele. No es que no la vea, es que no tengo lo que es el aparato físico. Esto no pretende ser una declaración de principios ni un boicot individual a la industria televisiva. Es que el espacio de la Biblioteca es muy limitado y, sobre todo, que me da una pereza mortal el proceso de adquirir una. Cuando tenga más espacio, si algún amable Lector quiere acompañarme a elegir una, lo invito a cenar. Lentejas, si quiere. Las hago muy ricas.
  • Sí, hay de verdad un montón de entradas incompletas, guardadas a buen recaudo en la sección Borradores. Sí, en algún momento verán la luz. No, no sé cuándo, porque este tiempo de ocio va a ser breve: en cosa de tres semanas, si no sobreviene antes el Apocalipsis o una epidemia de peste bubónica, estaré escribiendo chistes con una taza de café en la mano y los pies sobre una mesa. Ya les contaré detalles de este asunto en otro momento.
  • Entradas que están durmiendo en el limbo:

Defixiones
Las defixiones, o maldiciones del mundo clásico.

Kurt Wallenda

La vida y aventuras de Kurt Wallenda, el hombre que cayó del cielo.

Limerick de Lear

Qué es un limerick y por qué hay que leerlo.

Fumadores de opio

Dos buenos libros acerca de las drogas, su historia y su uso recreativo.

Nijinski como El Fauno

La vida y aventuras de Nijinski, el fauno demenciado.

Fuji rojo

La poesía en diecisiete sílabas o los poemas japoneses en la hora de la muerte.

La princesa y el guisante

Algo más de historia del cuento de hadas, e ilustraciones ad hoc.

El Barón Corvo

La vida y aventuras del Barón Corvo, mostrenca y desdichada criatura.

Truman Capote

Y, naturalmente, el largamente retrasado monográfico sobre un homosexual, un drogadicto, un genio: Truman Capote.

  • El Lector Constante sigue en la radio, pero sólo para aquellos de ustedes que tienen la fortuna de vivir en Gijón. Los martes, sobre las siete y media de la tarde, en la Cadena SER Gijón, Alicia Álvarez y yo recomendamos Libros para la cama, o para la playa, o para regalarle a un señor bajito.
  • El Lector Constante se va a dar una vueltecilla por el parque y a seguir leyendo cuentos. Hace sol y hay pájaros y cosas de ésas que alegran la vista y el corazón. Volveré y les contaré qué he estado leyendo y por qué ustedes, Amigos, deberían leerlo también. Créditos y nos vamos.

CRÉDITOS Y AGRADECIMIENTOS

*La imagen de la placa de la Calle Oriente está escamoteada de una cuenta de flickr:

http://www.flickr.com/photos/asialillo/

Gracias al autor por su involuntaria colaboración. Podría haber tomado la foto yo misma, pero es que estoy en pijama. Lo siento. Gracias otra vez.

*La imagen de la Iglesia de San Lorenzo es otro vergonzoso robo. A los autores de esta página, que ponen amablemente su trabajo a disposición de los malditos vagos procrastinadores como yo:

http://www.asturiasenimagenes.com/

*La imagen del monte Fujiyama rojo la pintó Yokoyama Misao y pertenece al museo Gotoh. La fotografía se la hizo Meikyo Katsuo. Bravo por ambos y gracias.

*El resto de las imágenes son de dominio público, como la de la tele, o de procedencia desconocida para mí, como la de Truman Capote. Se emplean, como siempre, para asombro y regocijo de los Lectores Constantes, y en ningún caso para obtener sucio dinero con el que mantener repugnantes vicios.

Hale, dispérsense, aquí ya no hay nada que ver. Y tengan cuidado ahí fuera, donde la primavera es reina.

Cómprame uno con dibujos II

Guardado en: Exhibición de atrocidades, Lo que ustedes deberían leer — Ingram at 5:35 pm on Jueves, Mayo 22, 2008

Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Aquí me tienen, Amigos, tan ociosa como la cigarra de la fábula. A la que, por cierto, siempre me imagino con un gran sombrero mexicano, tocando un guitarrón y cantando La cucaracha. Es posible que la viera representada así en los dibujos animados, donde el estereotipo del mexicano vago, siempre echando la siesta contra una tapia, era un clásico tan reconocible como el negro comiendo sandía. Algún día hablaremos de los dibujos animados y su estupenda, estupenda historia. Y puede que también de las fábulas, los exempla, el espejo de príncipes y demás intentos amenos de enseñarle al crío cómo hacen las cosas los mayores.

Hoy, Amigos, empleo todo este ocio para volver a hablarles un rato, como había prometido, acerca del cuento de hadas. Estoy tan ociosa que no tengo excusa para retrasarlo, y además a mí me gusta el cuento de hadas y a ustedes parece que también, vista la estupenda acogida que tuvo el primer Cómprame uno con dibujos.

Una puntualización y vamos al tema: van a tener que disculpar, ustedes que tantas cosas me disculpan, la caótica organización de este análisis personal sobre los cuentos. Verán, ocurre que esto, esta Página para echar la mañana tan ricamente en Internet, se escribe un poco a vuelapluma, sin planificación previa y sin estructura calculada. Las entradas más breves las escribo sobre la marcha y el tiempo que a ustedes les lleva leerlas es, aproximadamente, el tiempo que me lleva a mí escribirlas. Añádanle una media hora de búsqueda de imágenes y otra media de comprobación de datos y tendrán un resultado bastante exacto. Pero algunas entradas, las más largas y exhaustivas, llevan más tiempo, porque escribo un trozo hoy y otro trozo mañana, y a la mitad decido que necesito leer más sobre algún asunto concreto para poder continuar.
Esta entrada tiene un poco de ambas cosas. La voy dejando a medias porque tengo cosas que consultar, permisos que conseguir (para el uso de las imágenes, que una es pobre pero honrada y lo que no es mío, ni tocarlo) y datos que comprobar. Y toda esta teoría sobre los cuentos de hadas la voy escribiendo según se me va ocurriendo (o según voy recordando las bellas, bellas clases de la eximia profesora Magdalena Cueto, que Yaveh Elohim le guarde un lugar en Su Biblioteca), así que no tiene orden ni concierto y espero que me disculpen por ello. Dicho lo cual, allá vamos:

LOS HERMANOS GRIMM Y BLANCANIEVES

Si usted, Amigo Lector, no conoce el cuento original o cualquiera de sus variantes, es que ha crecido en Castroculo, o que sus padres lo abandonaron de pequeñito y fue criado por una manada de gallinas salvajes. Hay innumerables versiones de este cuento popular, que comparten elementos comunes y difieren en detalles más o menos importantes, pero la que conocemos casi todos es la que elaboraron los hermanos Grimm, Jacob y Wilhelm.

Jacob y Wilhelm Grimm eran filólogos (yiiiihu), bibliotecarios (doble yiiiiihu) y profesores universitarios. Seguramente no triunfaban en las fiestas, pero se les considera fundadores de la filología alemana y hasta le pusieron nombre a un fenómeno de la evolución lingüística del germano y el armenio, que se conoce como Ley de Grimm y que tiene que ver con la articulación de ciertos fonemas oclusivos, sordos y sonoros. No, definitivamente no triunfaban en las fiestas.

Monumento a los hermanos Grimm

Syrius Eberle esculpió esto y la ciudad de Hanau (Alemania) lo puso en la plaza del mercado. Bien por ellos.

Entre elaborar un diccionario de alemán y una gramática de lo mismo, encontraron tiempo para recopilar un montón de cuentos populares de transmisión oral. ¿Y cómo se hace eso? Pues no lo van a creer, pero todo empezó como en los cuentos: la familia Grimm tenía cinco hijos y una hija. Muy cerca de su casa vivía la familia Wild, que tenía seis hijas y un hijo. Todos los niños jugaban en el jardín de los Wild y fue allí donde Dorothea Wild les contó muchos, muchos cuentos a los hermanos Grimm. Tantos y tan bellos, que Wilhelm Grimm se casó con ella. Menuda Cyrana estaba hecha la señorita Wild.
Además de Dorothea Wild, muchas otras personas aportaron su cuento popular a la recopilación de los Grimm. Los chavales, como buenos filólogos, sabían cómo se hace un trabajo serio de investigación. Exactamente como lo están imaginando: se agarra a una abuelita que esté ociosa, se le pone delante una Schwarzbier y una Bratwurst, se le dice: “Abuela, cuénteme unos cuentos” y se anota o se graba todo lo que diga. Cuando la anciana esté borracha como un piojo, hay que depositarla en su cama, arroparla bien y buscar a otra anciana, con la que se repite el proceso. Cerveza y salchicha son opcionales, pero nunca está de más ser amable con las abuelas y tener un detallito con ellas.

Dorothea Viehmann

Dorothea Viehmann, que les contó cuentos a los hermanos Grimm

Total, que los muchachos Grimm se echaron al monte y recorrieron toda la Alemania que pudieron. Posadas, mercados, tabernas, casitas, escuelas… y así recopilaron unos doscientos y pico cuentos de tradición oral alemana, que se llamaron Kinder und Hausmärchen, es decir, Cuentos para la infancia y el hogar. Se publicaron en dos tomos, en 1812 y 1815, y el resto ya es historia. Dieron la vuelta al mundo, conocieron traducciones a todos los idiomas… y, desgraciadamente, también conocieron la censura. Porque los Grimm, que eran tipos serios, escribieron los cuentos con auténtico rigor filológico, contrastaron fuentes, refundieron, pulieron… y dejaron toda la sangre, la muerte y el sexo que contenían las versiones orales primitivas. Al fin y al cabo, se decían, no son cuentos para niños, son cuentos para estudiosos de la historia y el idioma. Luego les hablaré un poquito de esta cuestión tan interesante.

De momento, vamos a recomendar al Amigo Lector un par de ediciones comme il faut. Rompa el cerdito, Amigo, porque esto vale la pena tenerlo en casa.

EDICIÓN PARA EL LECTOR POBRETÓN

Se llama Cuentos escogidos de los Hermanos Grimm, la edita Atlas y cuesta unos treinta eypos. Y, agárrense los machos, es edición facsímil de la editada por Gaspar Ediciones en 1867. Los cuentos los tradujo un tal Don José S. Viedma, que también firma el prólogo, y se ilustraron con los grabados de un talentoso caballero del que no ha oído hablar ni el tato, pero que merece un largo, larguísimo vistazo: Otto Ubbelohde. Ni idea, ¿verdad? Pues vean, vean:

Rapunzel
Para el cuento Rapunzel.

La hija de la Virgen María

Para el cuento La hija de la Virgen María.

El dinero llovido del cielo

Para el cuento El dinero llovido del cielo.

Hans, el erizo
Para el cuento Hans, el erizo.

Piel de Oso

Para el cuento Piel de Oso (creo).

Un gatete

Un gatín, que nunca sobran. Miau.

Bello, ¿verdad? Pues ya saben los amigos del dibujo hermosísimo dónde ir a buscarlo. Pero quienes estén criando Pequeños Lectores, harán bien en buscar otra edición para regalar a su criatura. ¿Por qué? Bueno, porque el castellano que se escribía allá por 1867 era un poco de aquella manera. Y los cuentos, no lo olvidemos, enseñan al chiquillo su idioma, aunque vengan traducidos de otro distinto. Si su neno hace los dictados del cole con lo que ha aprendido leyendo esta edición, va a tener que copiar cien veces Mi mamá me mima o Tómate tu tomate. Una muestra:

***

Allá en aquellos tiempos habia una jóven muy perezosa que no queria hilar. Su madre se incomodaba mucho; pero no podia hacerla trabajar. Un dia perdió la paciencia de manera que llegó á pegarla, y su hija se puso á llorar á gritos. En aquel momento pasaba por allí la reina, y oyendo los sollozos, mandó detener su coche y entró en la casa preguntando á la madre por qué pegaba á su hija con tanta crueldad, que se oian en la calle los lamentos de la niña. La mujer, avergonzada, no quiso contarla la pereza de su hija, y la dijo:

-No puedo hacerla que suelte el huso ni un solo instante, quiere estar hilando siempre, y yo soy tan pobre que no puedo darla el lino que necesita.

***

¿Ven a qué me refiero? Laísmo a cascoporro, tildes espolvoreadas un poco al azar sobre el texto y cosas mucho peores, terribles para los ojos tiernos de un Pequeño Lector que vaya todavía por la primera cartilla. Esta edición es para lectores curtidos, para filólogos, para fans del grabado o para completistas, no para niños. ¿Y cuál es la buena para mis hijuelos?, estará pensando el Lector Constante, ya un poco hartito de tanto rodeo y con ganas de volver a la cocina a caramelizar cebollas. La que les enseño ahora, la

EDICIÓN PARA EL LECTOR SOBRADO DE PASTA

Y no lo digo en broma, Amigos. Setenta eurazos cuesta la hermosísima edición que ha hecho Anaya de los Cuentos Completos de Jacob y Wilhelm Grimm. ¿Y saben qué? Que los vale. Les cuento por qué:

a) Los cuentos están completos. Todos. Los doscientos y pico. La editorial especifica, en el interior de cada tomo, el asunto de la completitud, y lo hace así: La presente obra es traducción directa e íntegra de la edición completa de la colección de los hermanos Grimm, Kinder und Hausmärchen, publicada en Berlín, 1812-1817. A esta edición habría que añadir el cuento Liebe Mili, descubierto en una carta que Wilhelm Grimm escribió a una niña en 1816 y que apareció en 1983. Vamos, que si usted compra esta edición, no tendrá que volver a comprar otra.

b) Los cuentos no están censurados. ¿Recuerdan lo que les decía un poquito más arriba? El cuento popular, Amigos, es mágico y fantasioso y esto y lo otro, pero sobre todo, es bastante bruto. ¿Y por qué no habría de serlo? Los niños son inocentes como gorriones pero también perversos como zorros. Pueden mirar el nacimiento de un gatito con el mismo interés que la agonía de un escarabajo. Y no está mal que la sangre, la violencia, la crueldad y otros feos asuntos le vayan llegando en el mejor formato: el cuento. El niño canaliza estupendamente esos impulsos (que están ahí y que conviene ir orientando), y si es un poco espabilado, distingue perfectamente el cuento de la realidad. Ya sabe él que debajo de las setas no hay gnomos, no se preocupe. Y si quiere criar un Pequeño Lector de natural bondadoso, enséñele usted el respeto por las cosas vivas. Los cuentos le enseñarán eso, pero también otras cosas.

c) Los cuentos están, me soplan por aquí, bien traducidos. No puedo asegurarlo, porque mi alemán se reduce al danke, pero el resultado me parece bueno. Las cosas que tienen que rimar, riman sin que a uno le sangren las orejas. Hay algún Juan donde seguramente iría un Hans o un Johann, pero a mí me parece bien. Al fin y al cabo, mis libros de texto hablaban de un fulano llamado Federico Nietzsche, y de otro señor que atendía por Luis Van Beethoven. Y no soy más zoqueta por eso. Así que un aplauso a la señorita traductriz, María Antonia Seijo Castroviejo, que tuvo que divertirse mucho haciendo su trabajo.

d) Los cuentos están estupendamente ilustrados. Esto merece un comentario aparte, y allá vamos.

La edición consta de cuatro tomos como cuatro soles. Otra ventaja: no tiene usted que desembolsar setenta euros si sus niños necesitan zapatos nuevos. Compre sólo uno y vaya disfrutando. Cada tomo va prologado e ilustrado por un autor diferente. Y son los siguientes:

TOMO I: CAPERUCITA ROJA Y OTROS CUENTOS.

El prólogo lo firma Gustavo Martín Garzo y es una reflexión bastante mejor que las mías sobre los cuentos y los niños a los que van dirigidos. Hay, además, una introducción escrita por Herman Grimm, sobrino de Jacob e hijo de Wilhelm, donde se encuentran bellos detalles de su biografía, como la escena del jardín en el que Dorothea Wild contaba sus cuentos a un montón de nenos boquiabiertos.

Las ilustraciones de este tomo son bellas y tiernas como cachorros de tigre. Su autor, el señor Jordi Vila Delclós, ha ilustrado montones de cosas, y su estilo, que yo me siento incapaz de definir, porque no tengo ni idea de dibujo, le pega a estos cuentos como las manzanas al queso. Yo diría que es del tipo clásico, pero mejor juzgan ustedes, que a lo mejor saben describir esto como merece:

Cubierta de Caperucita Roja y otros cuentos, por Jordi Vila Delclós

Cubierta de Caperucita Roja y otros cuentos, por Jordi Vila Delclós.
Los doce hermanos

Ilustración de Jordi Vila Delclós para el cuento Los doce hermanos.

La muchacha sin manos

Ilustración de Jordi Vila Delclós para el cuento La muchacha sin manos.

Toda mi envidia verdosa para este señor y su hábil pluma, pincel, dedito o lo que sea que emplee para dibujar. Si encuentran cualquier otro cuento que haya ilustrado él, mi consejo es que lo compren sin preguntar el precio. No lo tiene.

TOMO II: LA BELLA DURMIENTE Y OTROS CUENTOS

El prólogo de este tomo lo ha escrito un tal Xabier P. DoCampo y consiste en una relación, por orden alfabético, de los elementos más importantes del cuento de hadas clásico, con ejemplos y comentarios acerca de cada uno de ellos: el amor, el bosque, el camino, el deseo, el espejo… ¿Ven? Otra ventaja estupenda de esta edición: leyendo los prólogos, se ahorra uno las larguísimas e incoherentes entradas que tenía pensado escribirles a ustedes sobre los elementos básicos del cuento. Y eso que ganan en tiempo para ir al parque con la nena y la pelota roja.

Las ilustraciones son obra del señor Jesús Gabán, con quien por fin he logrado contactar para pedirle la venia. No era tan difícil, bastaba con poner jesusgabanpuntocom, pero ya ven, no se me ocurrió hasta anteayer. El señor Gabán dio su amable permiso y me envió el par de ilustraciones que pueden ver aquí debajo. Hay más, hay un dorado enjambre de maravillas en este tomo. Ya tardan en ir a echar un vistazo.

Ilustración de Jesús Gabán para el cuento Blancanieves

Ilustración de Jesús Gabán para el cuento Blancanieves.

Ilustración de Jesús Gabán para el cuento El pájaro de oro

Ilustración de Jesús Gabán para el cuento El pájaro de oro.

El señor Gabán me cuenta, además, que acaba de terminar de ilustrar Los niños del aire, un cuento de Gustavo Martín Garzo que edita SM. Échenle un vistazo si lo encuentran por ahí. Yo lo haré. Y duerman con un ojo abierto, como los protagonistas de los cuentos, porque el señor Gabán va a trabajar para Siruela, que tanto y tan bien edita, y a eso sí que valdrá la pena echarle un largo y placentero vistazo.

TOMO III: PIEL DE OSO Y OTROS CUENTOS

El prólogo es de Vicente Muñoz Puelles, y cuenta la interesantísima historia de George Pal, un mozo húngaro al que le encantaban los cuentos de los hermanos Grimm. Tanto le gustaban que acabó por llevarlos al cine. Así lo cuenta Muñoz Puelles:

(…) En 1939, obtuvo un visado para Estados Unidos, donde empezó a hacer películas de marionetas para la Paramount. Pal llamaba a estos cortometrajes Puppetoons, mezcla de puppet (marioneta) y cartoons (dibujos animados). Los muñecos de las películas reflejaban sus conocimientos de anatomía. Tenían cabezas intercambiables de madera con distintas expresiones, brazos flexibles de látex y una serie de piernas. La trama de las películas se basaba en los cuentos de los hermanos Grimm, en el folclore americano o en fantasías del propio Pal.

No les copio más, que se lo estropeo. Pero los Lectores interesados en la cosa cinematográfica harán bien en echarle un largo vistazo a este prólogo. Respecto a las ilustraciones, obra del señor Pablo Auladell, pues qué les voy a contar. Hace un uso del rojo que a mí me pasma y me alucina y me mata de envidia. Además, tiene querencia por los bichos con cabeza de persona, o por las personas con cuerpo de bicho, y por la deformidad, la exageración, lo micro y lo macro y lo raro. Vean:

Cubierta de Piel de Oso y otros cuentos, por Pablo Auladell

Cubierta de Piel de Oso y otros cuentos, por Pablo Auladell.

Los dos caminantes, por Pablo Auladell

Ilustración de Pablo Auladell para el cuento Los dos caminantes.

El joven gigante, por Pablo Auladell

Ilustración de Pablo Auladell para el cuento El joven gigante.
El resultado es inquietante, claro que sí, pero no le falta ternura tampoco, y a los niños les gusta asustarse. Les gusta recrearse en los detalles más sangrientos, les gusta preguntar si duele mucho que te quemen en un horno, cuánto sangraron las hermanastras de Cenicienta al cortarse los pies, si es verdad que un lobo puede tragarte entero, sin masticar. Y estas ilustraciones, como estos cuentos, son estupendos para que el niño, valga la paradoja, se asuste tranquilamente.

TOMO IV: LA LLAVE DE ORO Y OTROS CUENTOS.

Este prólogo, de Eliacer Cansino Macías, se da una vueltecilla por los problemas de censura que tuvieron los cuentos de la edición original de los Grimm. El asunto, como veremos, es interesante y merece unas cuantas reflexiones al respecto. Cansino Macías habla también del tiempo en los relatos, de su puesta al día, de lo que permanece en la memoria de los hombres. Ya están tardando en leerlo, Amigos.

Y, para los Amigos Lectores que tienen poca paga y van a tardar en comprarse el libro, unas ilustraciones de este tomo, obra del señor Gabriel Pacheco. Otro que usa el rojo como si hubiera nacido con una caja de acuarelas debajo del brazo. Ya les digo que no tengo ni idea de pintura, así que sólo puedo comentar que me recuerda vagamente a una pintora estupenda, que se llama Remedios Varo. Con el señor Pacheco y su obra les dejo. Pásmense un poquito:

La novia verdadera, por Gabriel Pacheco

Ilustración de Gabriel Pacheco para el cuento La novia verdadera.

El ladrón de ladrones

Ilustración de Gabriel Pacheco para el cuento El ladrón de ladrones.

Blancanieves y Rosarroja, por Gabriel Pacheco

Ilustración de Gabriel Pacheco para el cuento Blancanieves y Rosarroja.

¿Cómo se les ha quedado el cuerpo? ¿No son dibujos muy, muy bonitos? Hagan felices a sus niños y háganse felices también a ustedes. La edición es cara, pero se puede comprar en tomos sueltos. Y si el Pequeño Lector se está portando especialmente bien, no tortura a su hermanito, no pinta al gato de verde y no escupe puré de verduras sobre sus libros, a lo mejor se merece un libro bonito para su cumpleaños. Venga. Antes de que pida una consola y lo perdamos definitivamente para la lectura, tragedia cotidiana en las mejores familias de Lectores Constantes.

Y se preguntarán ustedes: ¿dónde ha quedado Blancanieves? ¿No íbamos a diseccionarla un poquito? Sí, sí. Pero no será hoy, Amigos, porque acabo de echarle un rápido vistazo a esta entrada y resulta que me ha quedado larga como un domingo sin paga. No puede ser, que ustedes se me duermen y yo tengo que ver la calle alguna vez. Y además, me esperan un montón de cuentos de Grimm que no conocía y que prometen ser tan buenos como los que sí conocía. Créditos y nos vamos.

CRÉDITOS Y AGRADECIMIENTOS

*La imagen del monumento a los Hermanos Grimm la encontré por ahí, y ya no recuerdo dónde. Creo que no vulneraba los frágiles derechos de autor de nadie, pero por si acaso, vayan unas disculpas al germano que corresponda.

*La imagen de Dorothea Viehmann es de dominio público. Cuántas cosas tenemos por ahí, qué bien.

*Los grabados del insigne Otto Ubbelohde son también de dominio público, porque el caballero ya lleva muchos años durmiendo con sus padres. En todo caso, se emplean aquí sin ánimo de lucro y para honrar su trabajo.

*Las ilustraciones del señor Jordi Vila Delclós están empleadas con permiso de su autor, que respondió a mi petición con amabilidad y rapidez dignas de mejor causa. Ustedes pueden conocer el trabajo del señor Delclós en su página web:

http://www.jordiviladelclos.com/

Vayan para él mi agradecimiento y mi aplauso, y que nunca se seque la tinta en su tintero.

*Las ilustraciones del señor Pablo Auladell también tienen permiso para estar aquí y asustar a sus chiquillos. El señor Auladell tiene un blog, donde expone los frutos de su trabajo y donde ustedes pueden pasar un rato estupendo:

http://pabloauladell.blogspot.com/

No se pierdan los bocetos que hizo para algunos cuentos de la recopilación, porque (si no me engaño) no figuran en la edición final y son impresionantes. Gracias, señor Auladell.

*Las ilustraciones del señor Gabriel Pacheco (que Alá, el compasivo, el misericordioso, le dé agua a sus pinceles) están aquí con su consentimiento. El señor Pacheco ilustra montones de cosas y muchas de ellas pueden verse en su blog:

http://gabriel-pacheco.blogspot.com/

Pífanos, salterios, una piñata y muchas gracias para el señor Pacheco.

*Por increíbles peligros e innumerables fatigas me he abierto camino hasta la página del señor Jesús Gabán. Ustedes pueden tomar el camino sencillo e ir directos a:

http://www.jesusgaban.com/

Allí, como en la cueva de Alí Babá, se acumula prodigio tras prodigio. Digan ábrete, sésamo y para dentro. Y al señor Jesús Gabán, muchas, muchas gracias por ceder un poquito de su talento para disfrute de los Lectores Constantes.

No se apuren. Tengo todavía paro de sobra por delante para dedicárselo a ustedes, al Lector Constante y a la buena de Blancanieves, que tenía la piel blanca como la nieve, los cabellos negros como el ébano y los labios rojos como la sangre. El próximo día hablaremos largo y tendido de ella, y de los ilustradores que la hicieron tan bella.

Hasta entonces, tengan cuidado ahí fuera, donde seremos felices y dejaremos tranquilas a las perdices.

Villanos mátente, Alfonso/ villanos, que non fidalgos/ de las Asturias de Oviedo / que no sean castellanos

Guardado en: Exhibición de atrocidades — Ingram at 7:30 pm on Miércoles, Mayo 7, 2008

Buenas tardes, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Ya estoy en Asturias, el lugar donde la niebla se puede cortar y seguro que hasta confeccionar. Ya sabrán ustedes que el norte está lleno de frío y lluvia, así que se han frustrado mis planes de robarle a mi hermana, la Hermana Constante, su bicicleta negra, el más bello y lustroso de los velocípedos, para recorrer la ciudad silbando algo bonito y esquivando lo que los franceses llaman carne de neumático (es decir, peatones).

De todas formas, quién dijo miedo. Me echo a las calles en cosa de cinco minutos, a respirar agua y salitre y a cazar un queso, si me topo alguno, o un poco de té de manzana confitada, que yo creo que es lo que Ganimedes le ponía en la copa a Zeus. Volveré mañana con ustedes y les contaré qué estoy leyendo y qué pueden leer ustedes en un largo, largo día de lluvia. Hasta entonces, les dejo con un hallazgo que ya tenía ganas de traerles hace unos días. Esto languidecía ahí, en el diccionario, sin que nadie le echara un mísero vistazo, y yo lo encontré buscando algo acerca de los reyes. Que me parta un participio si recuerdo el qué. Lean, lean y sonrían:

el rey Perico, o el rey que rabió, o el rey que rabió por gachas, o el rey que rabió por sopas.

1. m. Personaje proverbial, símbolo de antigüedad muy remota. En tiempo del rey Perico Acordarse del rey que rabió, o del rey que rabió por gachas

Rey de Romanos.

1. m. Título dado en el Imperio de Alemania a los emperadores nuevamente elegidos, antes de su coronación en Roma, y a los príncipes designados por los electores del imperio para heredar la dignidad imperial.

       rey de romanos.

1. m. El que ha de suceder a otro en algún oficio o cargo.

con el rey en el cuerpo.

1. loc. adv. U. comúnmente para designar al ministro o empleado que hace alarde del nombre del rey y se excede en el uso de su autoridad.

hacerle a alguien saltar por el rey de Francia.

1. (Por alus. al ejercicio de los perros amaestrados, que saltaban por el rey de Francia y no por la mala tabernera). loc. verb. Apremiarle mucho, hacerle que se ajetree.

la del rey.

1. loc. sust. f. coloq. lo del rey

       lo del rey.

1. loc. sust. m. La calle.

no conocer alguien al rey por la moneda.

1. loc. verb. coloq. Ser muy pobre, carecer de dinero.

salir, o salirse, alguien con algo como el rey con sus alcabalas.

1. locs. verbs. Salir adelante con su intento, porfiando hasta lograrlo.

Hale, rompan filas, que me reclama la calle. Qué bueno es el ocio y el no hacer ni el huevo, santo Dios.

Tengan cuidado ahí fuera, donde saltan los perros por la mala tabernera.

QTR (Que Trabaje Rita)

Guardado en: Exhibición de atrocidades — Ingram at 12:15 pm on Lunes, Mayo 5, 2008

Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Ganas me dan, Amigos, de copiarles íntegro el Elogio de la ociosidad, del caballero Bertrand Russell, que mi primo, el DJ Constante, me envió hace unos días. No lo haré, pero sí que voy a copiar los primeros párrafos, la introducción al elogio. Léanlo cómodamente recostados y con las manitas sobre la barriga. O, mejor aún, consigan que otra persona se lo lea. Esfuerzos, los justos.

***

Como casi toda mi generación, fui educado en el espíritu del refrán “La ociosidad es la madre de todos los vicios”. Niño profundamente virtuoso, creí todo cuanto me dijeron, y adquirí una conciencia que me ha hecho trabajar intensamente hasta el momento actual. Pero, aunque mi conciencia haya controlado mis actos, mis opiniones han experimentado una revolución. Creo que se ha trabajado demasiado en el mundo, que la creencia de que el trabajo es una virtud ha causado enormes daños y que lo que hay que predicar en los países industriales modernos es algo completamente distinto de lo que siempre se ha predicado.

Todo el mundo conoce la historia del viajero que vio en Nápoles doce mendigos tumbados al sol (era antes de la época de Mussolini) y ofreció una lira al más perezoso de todos. Once de ellos se levantaron de un salto para reclamarla, así que se la dio al duodécimo. Aquel viajero hacía lo correcto. Pero en los países que no disfrutan del sol mediterráneo, la ociosidad es más difícil y para promoverla se requeriría una gran propaganda. Espero que, después de leer las páginas que siguen, los dirigentes de la Asociación Cristiana de jóvenes emprendan una campaña para inducir a los jóvenes a no hacer nada.

Si es así, no habré vivido en vano

***

Vamos, que estoy en el paro desde el miércoles pasado. La serie, como algunos ya sabrán, se pegó una hostia de dimensiones aterradoras y dejaron de emitirla después del segundo capítulo. Si alguien se quedó con las ganas de ver más, que no se apure: parece que la cadena tiene intención de seguir emitiéndola en algún momento. A lo mejor, en la segunda quincena de mayo. Les informaré en cuanto sepa algo más seguro. Muchas gracias, en todo caso, a los que la vieron, ya fuera por solidaridad, por curiosidad o por puro gusto de verla. Ustedes, ya lo saben, son formidables.

Y en cuanto a mí, pues aquí me tienen, de vacaciones. Pasado el primer momento de pánico, el momento de correr por la habitación como un pollo decapitado, gritando: “¡No tengo trabajo! ¡No tengo trabajo!”, no me quedó otra que relajarme y asumir la situación. No tengo trabajo, pero es posible que vuelva a tenerlo. No tengo trabajo, pero ésa no es razón para subirse por las paredes y tirarse por los suelos. No tengo trabajo, pero todavía tengo dinero para pagar el yogur y el alquiler, y hasta algún libro de segunda mano. No tengo trabajo, pero tengo ocio. Yupi. Yiiiiihu.

En paro
Total, que hasta que me encuentre haciendo cola entre estos señores sin dinero pero con sombrero, tengo largas horas por delante para leer todo lo que tenía pendiente, que ya iba siendo demasiado. No por ello abandono la búsqueda de curro, naturalmente. Mucho ocio conlleva mucha responsabilidad. Si no usas bien tu ocio, se volverá contra ti y te devorará. Etcétera, etcétera, etcétera. Así que si alguno de ustedes, Amigos, necesita una guionista para, yo qué sé, un bautizo, un gazpacho o una película, ya saben dónde me tienen.

Mientras tanto, échenle un vistazo a esto. Está extraído de un libro que me prestó un compañero: Las 36 situaciones dramáticas. Les pongo en antecedentes antes de copiar el extracto. Goethe, a quien todo el mundo conoce, dice que, según el universalmente desconocido autor Carlo Gozzi, sólo existen treinta y seis situaciones dramáticas. Sólo ésas y ni una más. A alguno le parecerán muchas, a otro pocas, pero ¿por qué treinta y seis? ¿Cuáles son esas situaciones dramáticas? Como Gozzi afirmó eso, pero no se molestó en enumerarlas, Goethe se dejó los cuernos buscándolas. Schiller, lo mismo. Y el autor de este libro, un tal Georges Polti, dice haberlas encontrado todas. Y lo dice de esta manera:
***

… En fin, -para abreviar-, yo encontré las treinta y seis situaciones, tal como las debió poseer Gozzi, y tal como se verán más adelante; porque existían como él había indicado, treinta y seis categorías que yo debí crear para repartir adecuadamente las innumerables obras melpomenienses. Sin embargo, este número no tiene nada de cabalístico ni de místico, me apresuro a decirlo; se podría si acaso elegir uno ligeramente más o menos elevado; pero yo considero ese como el más verosímil. […]

Ahora bien, a este hecho de declarar que no hay más que treinta y seis situaciones dramáticas, va a unirse un corolario singular, a saber: que no hay, en la vida, más que treinta y seis emociones. Así pues, treinta y seis emociones como máximo, he ahí el sabor de la existencia; he ahí lo que va y viene sin descanso, aquello de lo que se llena la historia como la mar de las mareas, y lo que es su sustancia, ya que es la sustancia de la humanidad, en las tinieblas de las selvas africanas como en la calle Unter den Linden o bajo las luces eléctricas del Bulevar, y lo será, sin duda, en las más infinitas distancias del futuro; puesto que, con estas treinta y seis emociones, -ni una más- adornamos, ¡no! comprendemos lo que nos es extraño, hasta la vida vegetal y el mecanismo cósmico, y puesto que desde ellas son y serán construidas para siempre nuestras teogonías y metafísicas, todos nuestros queridos “¡más allá!”, treinta y seis situaciones, treinta y seis emociones, ni una más.

***

Parece que está como unas maracas, ¿verdad? Bueno, igual sí. Pero a mí me pica la intriga, así que estoy leyendo las treinta y seis situaciones y, de momento, parecen correctas. A veces uno piensa: “eh, pero aquí también podría pasar esto”, y se da cuenta de que está pensando en subcategorías, por así llamarlas, de esas situaciones. El libro lo escribe, como decíamos, Georges Polti. Lo traduce Esteban Carrión, lo prologa José Luis Alonso de Santos y lo edita La Avispa. Hay que estar un poquito versado en teatro para entenderlo, porque casi todos sus ejemplos provienen de la tragedia griega, o del teatro isabelino o de los franceses y su extraño teatro. Algún ejemplo toma de la vida cotidiana o de asuntos más cercanos, pero es sencillo para el Lector Constante extrapolar esas situaciones a sus propias referencias, personales o literarias. ¿Quieren echar un vistazo a alguna de esas situaciones? Venga, ahí tienen un puñado, con los personajes que las componen:

***

Situación nº 1.- Súplica (un Perseguidor, un Suplicante y un Poder indeciso).

Situación nº 2.- Rescate (un Infortunado, un Amenazador y un Salvador).

Situación nº 3.- Venganza después de un crimen (un Vengador y un Criminal).

Situación nº 4.- Venganza entre parientes (un Vengador, un Culpable y el recuerdo de la Víctima).

Hamlet y Horacio

Situación nº 5.- Persecución (Castigo y Fugitivo).

Situación nº 6.- Desastre (un Poder derrotado, un Enemigo victorioso o un Mensajero).

Situación nº 7.- Caer en desgracia (un Vencedor o una Desgracia y un Desventurado).

Situación nº 8.- Rebelión (un Tirano y un Conspirador).

Situación nº 9.- Tentativa audaz (el Audaz, el Objetivo y el Adversario).

***

¿Ven por dónde van los tiros? Pues así, hasta treinta y seis, con sus explicaciones y sus subcategorías. Yiiiiihu.

Dicho lo cual, Amigos, me voy a dar una vueltecilla. Hace sol ahí fuera. Y mañana me voy a Asturias, a robarle la bici a mi hermana, la Hermana Constante, y pasear junto al mar y no hacer absolutamente nada. Yiiiiihu de nuevo. Volveré y les traeré queso de cabra y cosas bellas, bellas para leer y comentar.

Hasta entonces, tengan cuidado ahí fuera, donde se afanan las industriosas abejas.

¿Tenemos un Plan B?

Guardado en: Exhibición de atrocidades — Ingram at 8:43 pm on Lunes, Abril 14, 2008

Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Hoy no tenemos recomendación literaria, por lo que espero que me disculpen los que entran aquí para saber en qué gastar esos diez euros que encontraron en el bolsillo de una rebeca de entretiempo. Hoy les traigo solamente unas cuantas novedades. A saber:

a) Si usted, Amigo Lector, reside en Madrid o lo visita a menudo, es bueno que sepa que los chicos de Arrebato Libros están de mudanza. Su librería de segunda mano, situada en la calle San Andrés 12 y con esta pinta tan bella

Arrebato Libros

se traslada a un sitio más grande, donde caben más libros y más Lectores Constantes en busca de tesoros. Se van a la calle La Palma 21, que queda como a la vuelta de la esquina de San Andrés. El viernes 18, a las siete y media de la tarde, inauguran el nuevo local. Pasen por allí si están ociosos, porque habrá gran regocijo y actividades variadas. Luego no digan que no se lo advertí.

b) Por su parte, los chicos de El rincón de lectura, bella librería de segunda mano que queda en la Plaza del 2 de mayo, tuvieron un serio percance con su local. Una mancha de humedad tan grande como Rumanía se extendió por sus paredes. No necesito decirles, Amigos, que la humedad es un feroz e implacable enemigo del libro, tan peligroso como el fuego o la estupidez. Así que El rincón de lectura está cerrado hasta nueva orden, sin que sepamos aún si abrirán en otro sitio o si reabrirán en el mismo cuando se haya secado lo mojado. Permanezcan atentos a su Guía de Lectura Favorita, y yo les contaré lo que sepa en cuanto lo sepa.

c) Está al caer el 23 de abril, Día del Libro, con su montoncito de eventos para que los habituales practicantes de esa actividad tan solitaria que es leer, hagan algo en común con otros como ellos. Les informaré de cualquier cosilla que parezca interesante y pasaré por la bella (y superpoblada) feria del Retiro y ya les contaré si cazo algo digno de reseña. Vayan ustedes también, si tienen un rato, y llévense una botellita de agua, para los calores.

Feria del Libro 2007
d) Sin relación con lo anterior, les cuento que, en cosa de unos días, paso a formar parte del nutrido grupo de los desempleados españoles. Si ustedes me conocen en persona, o si han leído entradas anteriores, sabrán ya que llevo unos meses trabajando en una serie de televisión. Se estrenó el lunes, 7 de abril, en la Primera Cadena. Se llama Plan América y va de unos cooperantes españoles que se van a una misión médica en Tuculapa, lugar sin ley donde hay miseria, guerrilla, narcotraficantes y demás ingredientes que hacen un infierno del lugar donde pudo haber estado el Paraíso. Y tiene esta pinta, más o menos.

Barreda
(Barreda fumando como si no hubiera un mañana)

Cena

(Toda la panda cenando en el porche)

(Arnas comprobando que Antonio está más verde que el muñequito de los semáforos)

Seguramente no la habrán visto, porque algunos no tendrán tele (no es tan raro, yo no tengo), otros estarían dedicados a actividades ilícitas en algún repugnante tugurio (y ésos harán bien en recordar que el agua y el jabón son los mejores amigos del vicioso) y otros… pues no sé, estarían viendo otra cosa. La mayoría, imagino, ni siquiera se enteraron del estreno, porque no es que la serie haya tenido mucha promoción. Y no es cierto, aunque su anciana abuela lo diga, que el buen paño en el arca se vende. No, no. Hay que lucirlo para venderlo.

Fran Plasencia
El caso es que, por la razón que fuera, la serie tuvo muy escasa audiencia en su primer capítulo. Yo, que vivo entre la biblioteca y el parque, me entero más bien poco de cómo funciona el negocio en el que trabajo. Escribo lo que me piden, lo hago lo mejor que puedo y me lo paso muy bien en el proceso. Si luego triunfa y lo ven hasta los perros, o si va tirando y acaba por caer, son asuntos que me incumben lo justito. Prefiero que vayan bien, claro, porque el trabajo es la manera que tengo de pagar el yogur y el alquiler y porque, como les digo, el proceso me gusta sobremanera. Pero tampoco me importaría escribir una serie que se vendiera a una cadena finlandesa y que yo nunca pudiera llegar a ver.


Pero, en este caso concreto, siento de verdad que la audiencia haya sido baja. ¿Por qué? Porque la serie me gustaba. Y ahora, a la vista de los resultados, la cadena ha decidido no grabar (ni escribir) una segunda temporada. La serie es cara y no les sale rentable, supongo. No sé mucho, ya lo dije, sobre la parte de este trabajo que no atañe a la escritura. El resultado, en cualquier caso, es que se emitirán los cinco capítulos que ya hay rodados. El sexto y último capítulo, aunque ya está escrito, no se rodará ni emitirá. Y nosotros, el esforzado equipo de guión, nos iremos al desempleo.

Sobreviviremos, sin duda. Algo aparecerá. La auténtica pena de todo este feo asunto es que la serie está bien y no la ha visto ni el tato. Líbreme Dios de decirles a ustedes que vean la tele. Ya me han oído, yo ni siquiera tengo. Pero la serie está bien de verdad, es una cosa curiosa, de factura y fotografía impecables y guión… bueno, qué voy a decir yo, que lo escribo.

Así que si ustedes quieren echarle un vistazo, por curiosidad genuina o por solidaridad con mi negro futuro laboral, ya saben: este mismo lunes, a las diez de la noche, segundo capítulo de Plan América.
Wilson, por Fran Plasencia


Si les gusta, háganlo saber a sus parientes y amigos. Si no, para eso nos dio Yaveh Elohim el mando a distancia. Y si se lo han perdido y les gustaría echarle un vistazo, en la página web de la serie pueden descargarlo y verlo con total tranquilidad. Aquí:

http://www.planamerica.rtve.es/

Créditos y nos vamos:

*Las tres primeras imágenes de Plan América son propiedad de RTVE. No sé quién es el autor.

*Las tres últimas imágenes de Plan América son obra y propiedad de Fran Plasencia, del equipo técnico de la serie. Bravo, Fran.

Para los curiosos: el tercer capítulo de la serie, que se emite el lunes que viene, es el que puedo llamar mío sin sonrojarme. Me largo a ver el segundo, que es el que se emite hoy. Y a comer quesito.

Tengan cuidado ahí fuera, donde la Virgencita nos protege.

J’adoube

Guardado en: Exhibición de atrocidades — Ingram at 7:54 pm on Miércoles, Abril 2, 2008

Buenas noches, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

No, no les traigo nada bello que mirar. No traigo más que unas líneas rápidas para disculparme con algunos de ustedes: los que escribieron un comentario perfectamente adecuado en la sección de comments, le dieron a enviar y nunca lo vieron aparecer. Mea culpa. Ya saben que soy completamente lo-tech, que a veces le doy al botón que no es y lo mando todo al cielo de los datos, ¿verdad? Pues eso es lo que ocurrió con su estupendo comentario, Amigo. Estaba limpiando spam y se me fue por el desagüe, de la misma manera que uno echa a la basura una cucharita de plata al recoger los cacharros del té que le ha ofrecido al vicario.

Dicho lo cual, alegría y alborozo, porque ya me han instalado un fantástico filtro de spam, que no deja pasar ni un mísero ofrecimiento de viagra. ¡Aleluya, hosanna! Así que espero que, mientras funcione, los comentarios de los Amigos y Desconocidos Lectores Constantes vayan al lugar que les corresponde. Porque ustedes son formidables y todo eso.

Me voy. Ya les iré contando qué hay de bueno por ahí para leer. Y los interesados en esa extraña parte de mi vida que se llama trabajo, estén atentos a su televisor este lunes, como a las diez de la noche. La primera cadena escupirá una serie nueva y ahí, entre los créditos, estará mi nombre. Yo estaré en una fiesta, creo.

Tengan cuidado ahí fuera, donde hay diamantes entre la basura.

Diga treinta y tres

Guardado en: Exhibición de atrocidades — Ingram at 9:16 am on Viernes, Marzo 28, 2008

Buenos días, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

Como algunos de ustedes ya sabrán, estoy trabajando ahora mismo en algo muy, muy interesante, gracias a lo cual aprendo cada día cosas asombrosas. La pinta que tienen los cisticercos, por ejemplo, o lo que ocurre si extirpas demasiada masa tumoral, o que algunos casos de diabetes tienen síntomas curiosos, como la insensibilidad al dolor.

Cisticerco malvado
Parece arte moderno, pero es un cisticerco como una catedral.

Con todo lo que estoy aprendiendo, una duda lleva atormentándome desde la más tierna infancia. Visualicen conmigo. Paciente sentado en la camilla de una consulta médica, sin camisa. El médico, que es un señor con gafas y una verruga junto a la nariz, se acerca y le apoya el fonendoscopio en la espalda o en el pecho.

Fonendo

“Está frío”, dice el paciente, nerviosito. “Diga treinta y tres“, replica el médico.

¿Por qué treinta y tres? ¿Por qué no almáciga o Dubrovnik? ¿Qué es lo que averigua el buen galeno al oírnos decir treinta y tres? ¿O se trata sólo una burda argucia para mantenernos distraídos mientras prepara el tacto rectal?

En el trabajo contamos con estupendos asesores médicos, pero ya les mareamos el día entero con preguntas absolutamente estúpidas (¿hay alguna manera de mantener vivo a un tío al que le han cortado la cabeza? No sé, cogiendo las venas y arterias que van al cerebro y enchufándolas a una máquina de diálisis… ¿no? Vale, buscaremos otra trama.), así que preferí pasarle la duda al Documentalista Constante, el señor Ismael Alonso, capaz de encontrar diamantes entre el hielo, y así respondió el ínclito:

***

Ha costado un poco pero creo que ya tengo la respuesta. Efectivamente, la expresion “diga 33” sólo se emplea en países de habla castellana. Se usa esa expresión porque permite la reverberación de distintas partes del sistema respiratorio (tráquea, cuerdas vocales, alveolos) de forma que se puede realizar lo que técnicamente se llama una ‘exploración táctil del frémito pulmonar’.
En otras lenguas se emplean expresiones diversas que tengan la particularidad de ser vocalizaciones de baja frecuencia. Entre los anglófonos se estila la expresion ‘boy oh boy‘, ‘toy boat’ y ‘blue balloons’ aunque también es habitual la expresión ‘ninety-nine’. Curiosamente, los alemanes emplean también esa cifra, pues los medicos auscultan a sus pacientes mientras les impelen a que digan alto y claro un prusiano y marcial neunundneunzig’.
Saludos con prescripción,

Ismael.

***

Pues ya lo sabemos. Y ahora les dejo, que tengo que salir para el curro a matacaballo. Llego tarde, como el Conejo Blanco. Los que estén especialmente interesados en este trabajo tan fascinante, pueden echarle un vistazo a:

http://blogs.rtve.es/planamerica/posts

En eso ando cuando no estoy leyendo algo bello y luminoso como danza de Leónidas. En breve podrán ver también los resultados, si tienen televisor y paciencia.

Hasta entonces, tengan cuidado ahí fuera, donde hay globos azules en los países anglófonos.

Desde la oscura tierra vendría por tu voz

Guardado en: Exhibición de atrocidades, Quita, bicho!, El gato esperó un rato — Ingram at 2:39 am on Viernes, Marzo 28, 2008

Buenas noches, Amigos y Desconocidos Lectores Constantes.

¿Recuerdan que les recomendaba, hace mucho, mucho tiempo, un libro estupendo que se llama La colina de Watership? Ya saben, la historia de los conejos. Les hago dos extractos y luego les cuento:

***

Los conejos sólo saben contar hasta cuatro. Todo lo que pase de ahí es hrair, “un montón”, “un millar”. De este modo, dicen U hrair (”los Mil”) para referirse colectivamente a sus enemigos, los elil, como ellos los llaman: zorros, comadrejas, armiños, búhos, gatos, el hombre, etc.

***

Tailí no se movió. De repente, a Avellano se le ocurrió que si Tailí había muerto -¿y qué otra cosa podía hacer que permaneciera tan silencioso en el barro?-, debía alejar en seguida a los otros antes de que la terrible pérdida les hiciera perder el valor y el ánimo, como sucedería si se quedaban junto al cuerpo. Además, el hombre vendría pronto. Quizá ya venía con su escopeta para llevarse al pobre Tailí. Tenían que marcharse; y él debía procurar que todos ellos -incluso él mismo- olvidaran lo sucedido, para siempre.

-Mi corazón se ha reunido con los Mil, porque hoy mi amigo ha dejado de correr- dijo a Zarzamora, citando un proverbio de los conejos.

***

Mi corazón, Amigos y Vecinos, también se ha reunido con los Mil, porque Kowalski, el pequeño y fiel Bibliotecario Constante, dejó de correr hace un par de días. La bandera pirata ondea a media asta desde entonces. Era una criatura pequeña y tierna, y su existencia añadía cierta belleza y maravilla a la mía.

En su memoria, dos cosas les traigo hoy.

a) Un epitafio bellísimo, extraído de las cartas que Vincent Van Gogh le escribió a su hermano Theo. No sabría decir si se las recomiendo. Son estupendas en más de un sentido, pero también son la minuciosa descripción de la tristeza y la miseria que acompañaron al pintor durante los últimos años de su vida. Igual no tienen ustedes, Amigos, humor para tanta desdicha.

Lean, de todas formas, el hermoso, hermoso epitafio:

***

[…] Por una completa casualidad he hallado en un viejo periódico una frase escrita sobre una antigua tumba en los alrededores de aquí, en Carpentras. Fíjate en este epitafio, muy, muy, muy antiguo; del tiempo -digamos - de la Salambó de Flaubert. «Thébé, hija de Thelhui, sacerdotisa de Osiris, que nunca se quejó de nadie». Si ves a Gauguin, cuéntaselo.

***

b) Los amigos de Niviuk expresaron su pésame enviándome una versión musicada del bello poema La flor de mi cólera, de Thomas Bernhard. Es una lástima que no puedan oír la canción, que es de verdad buena, pero pueden pasmarse con el poema. No tengo la versión original, que imagino que estará en alemán, así que sólo puedo darles la traducción al inglés que hizo James Reidel, y la traducción al español que debemos a Niviuk. Es un extraño poema, me parece adecuado como pésame y, sin entenderlo del todo, lo encuentro tan sencillo y deleitoso como meter las manos en el agua. Disculpen lo insólito de la puntuación, pero la de Reidel la he copiado tal cual la encontré, y vaya uno a saber cómo será la de Niviuk. He puesto, porque me lo pedía el cuerpo, un par de comas de vocativo y pare usted de contar. Lean, Amigos:

***

The flower of my anger grows wild
and everyone sees its thorn
piercing the sky
so that blood drips from my sun
growing the flower of my bitterness
from this grass
that washes my feet
my bread
o Lord
the vain flower
that is choked in the wheel of night
the flower of my wheat Lord
the flower of my soul
God despise me
I am sick from this flower
that blooms red in my brain
over my sorrow.

***

Salvaje crece

la flor de mi cólera

todos son como la espina

que atraviesa el cielo

gotea la sangre de mi sol

crece la flor de mi amargura

de esta hierba

que lava mis pies

mi pan

oh Señor

la flor necia

que se ahoga en la rueda de la noche

la flor, Señor, de mi trigo

la flor de mi alma

despréciame, Dios

estoy enfermo de esa flor

que se abre, roja,

en mi cerebro

sobre mi pena.

***

Con esto, Amigos, me voy a dormir. Estaré pronto de nuevo con ustedes, espero.

Tengan cuidado ahí fuera. Ya imaginarán por qué.

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